La Silla Vacía. 16/01/2026
No podemos hablar de un reciente aterrizaje de la doctrina Trump en el debate electoral colombiano porque ya lo venía haciendo. Sus reiterados trinos contra Petro, la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas y la inclusión del presidente en la lista Ofac.
Los efectos de esas acciones se sintieron en todo el país, sobre todo a favor del discurso de izquierda que se victimizaba y solidarizaba con el presidente. No me cabe duda de que muchos y muchas salieron a votar en la consulta a raíz de los golpes de Trump a su gobierno, lo que favoreció al candidato Iván Cepeda en las mediciones de diciembre. No solo se solidificó la base petrista, sino que algunos sectores de centro fueron solidarios con el presidente en lo que consideraron una injusta intromisión de Estados Unidos.
El impulso que dio el presidente norteamericano fue de tal magnitud que escuché a muchos amigos petristas cantar victoria adelantada en primera vuelta. Sin embargo, este viento de cola positivo parece estar cambiando.
El sacudón de la intervención ilegal de Maduro en Venezuela replanteó el escenario y descolocó al presidente y a su candidato que, de acuerdo con una reciente entrevista para CBS News, “temió que algo similar le ocurriera”. Como todos lo hemos visto, le tocó bajarle a la bravuconería y buscar la diplomacia que el centro político venía sugiriendo.
Tampoco ayudó la equivocada salida de Cepeda, que condenó la extracción, pero no pronunció ni una palabra para las reiteradas violaciones de los derechos humanos de la dictadura venezolana. Al final, Trump ganó el pulso internacional del arresto debido a la indefendibilidad del régimen antidemocrático del vecino país y las cero solidaridades con Maduro.
Mientras esto sucedía en la izquierda, la frotada de manos de la derecha para celebrar la acción armada en Venezuela no duró mucho. Trump no se la jugó con la oposición y rápidamente se han estado consolidando unas posibles paces con Petro. El parlante de María Corina Machado, canalizada por la derecha colombiana, hubiera sido muy favorable para Uribe.
El discurso que por años ha sostenido la derecha sobre la poca diplomacia y desventaja económica para Colombia por la pelea con Trump se debilitó. Se perdió un carrito de batalla que muchos y muchas usaron para subir en las encuestas.
Los extremos en Colombia salen políticamente castigados por estar jugando con un asunto tan delicado como las relaciones internacionales, un asunto de Estado que no debe usarse como arma electoral. ¡Todo tiene sus límites!
Aunque no sabemos cómo va a salir la reunión entre Petro y Trump, dado lo impredecible de ambas personalidades, son muy dicientes las declaraciones y acciones del presidente colombiano. La reanudación de las fumigaciones (un inamovible) y bombardeos a campamentos (otra línea roja) conduce a un viraje de menor ideologización y mayor pragmatismo.
El debate internacional llegó para quedarse en la discusión pública nacional, pero ya no atravesado por la polarización, sino más bien por la sensatez, respuestas claves y propuestas concretas. ¿Qué va a pasar con Venezuela en un escenario de transición? ¿Cómo serán las relaciones con Trump en un próximo gobierno: complacencia, respeto mutuo u oposición? ¿Cuál será la postura de Colombia en el choque de trenes con China y Rusia? Y, finalmente, ¿cuál será su efecto sobre las candidaturas de los dos extremos electorales?
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