Juan Hurtado Henao: Maestro de la República y Ciudadano de la Civilidad

 

Juan Hurtado Henao:

Maestro de la República y Ciudadano de la Civilidad


Por: Juan Gabriel Ocampo Hurtado

Universidad Nacional de Colombia

 

I. El origen de una vocación republicana

En el corazón de la colonización antioqueña, en Sonsón, nació Juan de Jesús Hurtado Henao el 2

En la urdimbre de esta historia se entrelazan no solo los hechos documentales, sino también las voces que los preservaron. Entre ellas destaca la del Dr. Gabriel Ocampo Londoño, figura señera de la vida cívica y educativa de Manizales, quien fuera Presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas, Secretario de Educación del Departamento y del Municipio, y además yerno de Juan Hurtado Henao. Su entrevista grabada en 1970, realizada con rigor y sensibilidad, constituye una fuente primaria invaluable para la reconstrucción de este itinerario vital. En aquel encuentro, cuya memoria quedó fijada en el registro sonoro, se recogieron las palabras del maestro Hurtado con la fidelidad de un testimonio directo. Y fue precisamente allí, como testigo presencial, donde el autor de este artículo Juan Gabriel Ocampo Hurtado participó en la transmisión de una herencia intelectual y afectiva que hoy se convierte en relato histórico. Así, la voz del educador, la mirada del entrevistador y la memoria del testigo confluyen en un mismo acto de preservación: el de mantener viva la luz que Juan Hurtado esparció sobre la ciudad y la República.

 de enero de 1900, hijo de José Marcelino Hurtado Naranjo y María Filomena de Jesús Henao. “Nací con el siglo”, solía decir con tono evocador, consciente de que su vida estaría marcada por el pulso de una nación en construcción. Desde sus primeros años, la educación fue para él más que un camino personal: era el instrumento para edificar ciudadanía y consolidar la República.

La formación inicial en el Colegio Santo Tomás de Sonsón y luego en la Normal Nacional de Varones de Manizales lo situó en la tradición pedagógica republicana, inspirada en Pestalozzi y en las pedagogías activas introducidas en Colombia por Agustín Nieto Caballero. Allí descubrió que la docencia no era oficio, sino misión: formar ciudadanos útiles, virtuosos y patriotas capaces de sostener la República con sus talentos y su conducta.


II. Chile: el laboratorio de ideas

En 1923, Hurtado viajó a Santiago de Chile para estudiar en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde obtuvo títulos en Ciencias Biológicas, Química, Filosofía y Psicología Experimental. Fue rector del Liceo Federico Hanssen, profesor en el Seminario Conciliar y presidente de la Federación de Estudiantes. Allí absorbió las ideas de Valentín Letelier y Federico Hanssen, que concebían la educación como motor de emancipación social y como deber del Estado.

El lema de la Universidad de Chile, Veritas Lux Humanitatis (“La verdad es la luz de la humanidad”), impregnaba la atmósfera académica. Esa consigna, que vinculaba el conocimiento con la iluminación ética de la sociedad, encontró eco años más tarde en la Universidad de Caldas, cuyo lema Lumina Spargo (“Por doquier esparciendo luz”) fue utilizado desde sus orígenes y oficializado en la década de 1960. La coincidencia entre ambos lemas revela la continuidad de un proyecto educativo que concibe la universidad como faro de civilidad y progreso. Hurtado, formado bajo la luz de Chile, se convirtió en portador de esa misma claridad en Colombia, sembrando en Manizales una institución que, como la chilena, entendía que la educación debía iluminar tanto el intelecto como la vida pública.


III. Director de Educación Pública de Caldas: la pedagogía republicana en acción

Entre 1930 y 1932, Hurtado convirtió la Dirección de Educación en un laboratorio de transformación. Impulsó la Legión del Alfabeto, promovió la educación femenina, instauró el Día del Libro y fortaleció el Instituto Universitario de Caldas. Su estilo era claro: escribir era gobernar. Desde circulares y editoriales en La Cátedra, interpelaba a los maestros: “¿Hace observar y pensar a sus alumnos, o se limita a hacerlos repetir?” (Hurtado, 1931, p. 15).

Su propuesta educativa trascendía el instruccionismo: buscaba articular lo intelectual, lo moral, lo físico y lo social. Era una pedagogía activa, republicana y humanista que anticipaba debates contemporáneos sobre la educación como bien común y como instrumento de cohesión social.


IV. El maestro y la ciudad: vínculo con la Sociedad de Mejoras Públicas

La vida de Hurtado no se limitó a las aulas. Fue también un ciudadano comprometido con la transformación urbana y moral de Manizales. Por ello, su relación con la Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales (SMP) fue natural y fecunda. Fundada en 1912, la SMP se convirtió en guardiana de la civilidad, promotora de parques, vías y espacios culturales. Hurtado compartía con ella la convicción de que el progreso debía medirse en ciudadanía y dignidad, no solo en infraestructura.

Reconociendo esa convergencia, la SMP le otorgó un galardón honorífico, exaltando su trayectoria como educador y su aporte a la ciudad. Este homenaje simbolizó la unión entre el maestro y la civitas: la educación como obra pública y la obra pública como educación. En Hurtado, la SMP encontró un aliado que concebía la ciudad como aula extendida, donde cada espacio debía formar ciudadanos.


V. La época de las universidades: materialización ideológica

1. La Universidad Popular y el Instituto Politécnico

En septiembre de 1946, el Consejo Directivo del Instituto Politécnico–Universidad Popular eligió como rector a Juan Hurtado Henao. Esta institución, nacida del impulso ciudadano y de sectores progresistas de Manizales, buscaba ofrecer educación superior accesible y práctica, vinculada a las necesidades de la región. Hurtado comprendió que la Universidad Popular debía ser un puente entre la educación formal y las demandas sociales, un espacio donde la técnica y la cultura se encontraran para servir al desarrollo regional.

Durante su rectoría, fortaleció programas de ciencias básicas y promovió la idea de que la universidad debía ser “popular” no solo en nombre, sino en espíritu: abierta, inclusiva y comprometida con la comunidad. Esta experiencia fue decisiva para articular la propuesta de una facultad de ingeniería vinculada a la Universidad Nacional.

2. La Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales

A finales de 1946, Hurtado inició gestiones para que la Universidad Nacional de Colombia organizara una facultad de ingeniería en Manizales. En un memorando dirigido al rector Gerardo Molina, planteó la creación de una facultad con especializaciones en minas, petróleo, electricidad, mecánica, química e industria. El compromiso local era ofrecer instalaciones, sostenimiento inicial y acompañamiento institucional.

La respuesta de Molina, fechada en marzo de 1947, fue afirmativa. Ese mismo año se adaptó el Palacio de Bellas Artes como sede provisional y se inició el proceso de matrícula. En febrero de 1948 comenzó oficialmente la Facultad de Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional en Manizales, con Hurtado como decano fundador. Posteriormente, la facultad evolucionó hacia Ingeniería Civil y se trasladó a Palogrande, consolidando su presencia en la zona universitaria.

La creación de esta sede fue un hito histórico: significó la descentralización de la educación superior en Colombia y la posibilidad de que Manizales se convirtiera en polo académico. Hurtado entendía que la Universidad Nacional debía ser el motor de modernización regional, y su liderazgo fue clave para que la sede se consolidara como referente de ingeniería y ciencias aplicadas.

El lema de la Universidad Nacional, “Libertad y Orden”, se complementaba con la visión de Hurtado: una universidad que no solo formara profesionales, sino ciudadanos capaces de transformar la sociedad. Su gestión como decano fue reconocida por su rigor académico y su capacidad de articular alianzas con sectores productivos y gubernamentales.

3. La Universidad de Caldas

En paralelo, Hurtado impulsó la creación de la Universidad de Caldas, fundada en 1943 como Instituto Universitario y transformada en universidad en 1945. Entre 1952 y 1954 fue su rector, promoviendo proyectos como residencias estudiantiles y fortaleciendo programas de medicina, derecho y ciencias sociales.

Durante su rectoría, Hurtado insistió en que la universidad debía ser un espacio de formación integral, donde la ciencia y la cultura se encontraran para servir al bien común. Promovió la creación de bibliotecas, residencias y espacios de encuentro estudiantil, convencido de que la vida universitaria debía ser también vida ciudadana.

La Universidad de Caldas se convirtió en símbolo de identidad regional, y Hurtado fue reconocido como uno de sus arquitectos fundacionales. Su visión de una universidad abierta, inclusiva y comprometida con la sociedad sigue vigente en la misión institucional actual.

4. La articulación entre las tres universidades

La trayectoria de Hurtado en la Universidad Popular, la Universidad Nacional y la Universidad de Caldas revela una continuidad ideológica: la educación como proyecto de Nación y como obra ciudadana. Cada institución representaba un aspecto de su visión:

La Universidad Popular: la educación accesible y vinculada a la comunidad.

La Universidad Nacional sede Manizales: la educación técnica y científica como motor de modernización regional.

La Universidad de Caldas: la educación integral y humanista como faro de civilidad.

En todas ellas, Hurtado dejó una impronta de rigor académico, compromiso social y visión republicana. Su legado es inseparable de la historia universitaria de Manizales y de la región cafetera.


VI. El Instituto Antioquia: el último proyecto

En 1959, Hurtado fundó el Instituto Antioquia en Medellín, del cual fue rector hasta 1980. Allí instauró métodos basados en respeto, creatividad y trabajo colaborativo, situando al estudiante como eje del proceso educativo. Fue su último proyecto, pero también la síntesis de su vida: una educación integradora, innovadora y transformadora.


VII. El legado y el galardón

El galardón otorgado por la SMP a Juan Hurtado no fue un gesto aislado. Fue la afirmación de que su vida pertenecía tanto a la historia universitaria como al relato mayor de Manizales como ciudad de civilidad. En él se funden dos fuerzas: la del maestro que sembró generaciones y la de la institución que cultivó ciudadanía.

Su legado continúa vivo en las universidades que ayudó a fundar, en las políticas educativas que impulsó y en la memoria de la SMP, que lo reconoció como ciudadano ejemplar. Hurtado encarnó la unión entre educación y civismo, entre aula y plaza, entre palabra y obra.

 

Legado socio económico de Juan Hurtado

En la vastedad de su obra, Juan Hurtado Henao dejó una huella que trasciende las fronteras de la pedagogía para convertirse en cimiento del desarrollo socioeconómico de Caldas y de la región cafetera. Comprendió que la educación no era únicamente un ejercicio de transmisión de saberes, sino la palanca que podía transformar la estructura productiva, dignificar el trabajo y abrir horizontes de progreso colectivo. Al fundar instituciones, al dignificar el magisterio y al irradiar la luz del conocimiento en cada aula y cada plaza, Hurtado convirtió la enseñanza en motor de modernización, en semilla de ciudadanía y en brújula de desarrollo. Su legado, entonces, no se mide solo en universidades y programas académicos, sino en la capacidad de una región entera para reconocerse en la educación como su más fecunda herramienta de prosperidad y civilidad.

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Bibliografía

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Hurtado, J. (1931). Informe de la Dirección de Educación Pública de Caldas. Manizales: Gobernación de Caldas.

Hurtado, J. (1953). Carta de jubilación al Gobernador de Caldas. Archivo de la Universidad de Caldas.

Ocampo Londoño, G. (1970). Entrevista a Juan Hurtado Henao. Archivo familiar.

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Valencia Llano, A., & Gómez Giraldo, J. (1994). Historia de la Universidad de Caldas. Manizales: Universidad de Caldas.

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