Un pereirano que enseña todo sobre Los Quimbaya

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Walter Benavi es un maestro en ciencias tan difíciles como la Economía y la Historia, desde hace varios años se empeña en enseñar a leer el pasado, más allá de los mitos fundacionales.

Hoy se le rinde homenaje en Colombia a los maestros. Punto Final hace su aporte a esta celebración a través de un enamorado del pasado original de la ciudad, quien bebe de las fuentes originales para crear su propio océano de conocimiento en el que invita a navegar a otros maestros y estudiantes que dedican su vida a la enseñanza de esta identidad.

Walter Benavides, economista de formación pero historiador por convicción, tiene por aula los archivos de las crónicas de Indias, lleva casi 300 videos en YouTube en @walterbenavides7484 y apenas va por el año 1540.

El economista que descubrió al historiador

Se convirtió en el referente para ‘esculcar’ el pasado de Pereira. ¿Cómo resulta un hombre de números metido en los vericuetos de las crónicas? “Precisamente por ser economista y trabajar en ordenamiento territorial, tuve que investigar quiénes habitaban los territorios antes de hacer la normativa actual. Trabajando en los planes de ordenamiento de Risaralda, Quindío y Chocó, me acerqué a la historia para llenar un vacío intelectual. La historia tradicional de Pereira nos marcó 1863 como una línea de inicio, pero eso no fue una fundación, fue solo un evento donde se reconoció a una población que ya vivía aquí, el 95% de nuestra historia se ha escrito sobre ese hito, pero yo quería saber qué hubo antes”.

En esa búsqueda, usted plantea una ruta de llegada de los españoles que rompe con lo que se enseña en los colegios. ¿Por dónde entraron realmente? “Mi primer libro, ‘América empezó por el Chocó’, explica que los españoles exploraron desde Santo Domingo hasta la desembocadura del río Atrato, subieron por ese río pensando solo en el Dorado y ciudades de oro. Los primeros en llegar a estos territorios fueron soldados, sacerdotes y esclavos huidos que entraron por Mistrató hacia el valle del río Risaralda y la Virginia entre 1510 y 1515, ya para cuando llegó Robledo desde Cali, estos territorios habían visto pasar personas extrañas décadas atrás”.

Los Quimbaya

A través de sus investigaciones, Benavides ha logrado ‘desenterrar’ una ciudad que ya vibraba siglos antes de su reconocimiento oficial. El autor de ‘Los Quimbaya’ invita a sumergirse en los detalles de la Historia para conocer y tratar de entender que sin pasado es imposible comprender el presente.

Usted menciona que al español le interesaba el oro y la gente para extraerlo. ¿Cuál era la diferencia en la visión de este metal entre los Quimbaya y los recién llegados? “Para el español, el oro era poder, dinero y riqueza, para el indígena, era parte de su personalidad. Los Quimbaya estaban ‘armados’ de oro: cascos, pecheras y narigueras, pero era algo personal. Una cosa muy curiosa que se lee en los autores de la época es que el oro no se heredaba, cuando un personaje moría era enterrado con todos sus elementos. Si alguien quería ser cacique y tener oro, tenía que fabricarlo, cambiarlo o ganárselo por mérito, nadie heredaba nada”.

Sin ser invitados

Existe una idea de que quienes llegaron con los españoles era ‘la peor calaña’. Usted defiende una visión distinta de esos recién llegados de 1540. “Esa es parte de la ‘leyenda negra’ que implementaron Inglaterra y el protestantismo para menguar la imagen de España. Los españoles que llegaron aquí eran tipos cosmopolitas: artesanos, sastres, carpinteros, todos los soldados tenían que tener un oficio fuera de ser militares. Traían consigo el derecho romano, la filosofía griega y una estructura administrativa con personeros, contralores e impuestos. Incluso la reina Isabel, la mujer más importante de los últimos 500 años, se preocupó por crear una gramática y una lengua antes de que llegaran aquí, donde ya existían universidades e imprentas en la península”.

‘Los anfitriones’

Hablemos de los Quimbaya, ¿por qué fueron tan fácilmente dominados si eran una sociedad tan avanzada? “Eran una sociedad sedentaria que ya dominaba la agricultura y producía excedentes. Su gran poder estaba en la sal que era la moneda de cambio y les permitía tener intercambios con muiscas, emberas y grupos del Chocó y Perú. Había unos 80 caciques independientes, pero agrupados por señores principales como Tacurrumbí. Fueron exterminados fácilmente porque no vivían en el monte, tenían sus viviendas y su meta era producir comida, sal y joyas irrepetibles”.

Pero no solo los españoles eran sus enemigos. Usted describe una sociedad asediada por todos los flancos. “Estaban rodeados por los Picaras de Manizales, los Irra, los Quindos, Putimares y Pijaos, estas tribus los atacaban por su riqueza, su sal y sus joyas, secuestrando mujeres y niños para rituales de antropofagia. Por eso Robledo tomó precauciones y se asentó en lo que hoy es Corosito, donde nace el Egoyá, porque era la parte más elevada para defender el territorio. Lo que hoy es el Centro Cultural Lucy Tejada era el sitio donde se reunían todas las personas en el mercado, lo que conocimos de niños ya era un punto de encuentro ancestral”.

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